Books for Prisoners – Jorge Olivera Castillo

As part of the ongoing Books for Prisoners campaign, English PEN asked former international cases of concern about the role books play in detention. Here Cuban journalist and poet Jorge Olivera Castillo explains how reading behind bars can help prisoners escape their surroundings

One of the few pleasant memories from the nearly two years I was imprisoned, especially during periods of solitary confinement, was that we could have books.

The lack of a toilet, adequate ventilation, and safe food faded into the background as I read, with few breaks, from 9am to sunset. At night it was impossible to do so because of poor lighting and the siege of mosquitoes.

Despite the limitations imposed by the prison authorities I had access to a good range of novels, short stories and poems, by both Cuban and international writers. And I could reread the classics and discover new literary worlds, thanks to the shipment of books in solidarity from various parts of the world.

Fortunately, the regime of the early days was drifting towards a relative flexibility. In a few months I came to have a dozen books on the partition that divided the bed from the hole in the floor where I relieved myself. With family visits came the renewal of the humble library.

Books were the keys that allowed me to leave the premises of my cell and return without clashing with the prison guards.

Through reading I managed to keep my spirits up. To combat boredom, I read poems by Neruda and Borges, novels by Vargas Llosa and García Márquez, and stories by Maupassant and Chekhov, among others.

To be imprisoned without books is something that I can hardly conceive. I would say, unequivocally, that that is torture, unnecessary deprivation. What can printed paper do in the face of iron bars , electric fences and guards who remain vigilant both day and night?

Reading is an inalienable right. Nothing can put conditions on something that civilization has passed down the generations.

More than ten years since my prison experience, I can say that reading not only eased my regrets. From those moments, under the influence of dozens of plots and characters, similes and metaphors, came the inspiration to undertake various literary projects.

I remember that it was at that time that I brought my first verses into the world. I wrote them between the frantic flapping of wasps that each morning came through the slots in the single window to make their nests in the roof.

Living in a country ruled by a harsh dictatorship and continuing to write on taboo subjects increases the chances that I will once again become a guest in solitary confinement, or have to live a risky coexistence alongside common criminals.

At least I have the consolation that I can alleviate my suffering with books.

 

Translated by Cat Lucas

 

About the author

Independent journalist and poet Jorge Olivera Castillo was detained during the Black Spring crackdown in Cuba in 2003. Released in December 2004 on health grounds, he and his family remain under surveillance.

 

Lecturas tras las rejas

Uno de los pocos recuerdos agradables, sobre todo durante el período de confinamiento solitario en los casi dos años que estuve recluido, es que podía tener libros.

La falta de un retrete, de suficiente ventilación, y de alimentos en buen estado pasaban a un segundo plano cuando  leía, sin apenas descanso, desde las 9 de la mañana hasta la puesta del sol.

De noche era imposible hacerlo a causa de la pobre iluminación y el asedio de los mosquitos.

A pesar de las limitaciones impuestas por las autoridades de la prisión, me fue posible contar con una variada muestra de novelas, compilaciones de cuentos y poemarios de  autores nacionales e internacionales.

Pude releer a los clásicos y descubrir nuevos universos literarios, gracias a los envíos solidarios desde varias partes del mundo.

Afortunadamente, el rigor de los primeros días fue derivando hacia una relativa flexibilidad. En pocos meses llegué a tener una veintena de ejemplares sobre el tabique que dividía la parte donde estaba el camastro del hueco en el piso donde hacía mis necesidades fisiológicas. Con las visitas familiares llegaba la renovación de la humilde biblioteca.

Los libros eran las llaves que me permitían abandonar los predios de la celda y regresar sin que hubiese ningún incidente con los carceleros.

Gracias a las lecturas logré conservar el ánimo. Para combatir el tedio tenía poemas de Neruda y Borges, novelas de Vargas Llosa y García Márquez, cuentos de Maupassant y  Chejov, entre otros.

Estar preso y sin libros es algo que me cuesta trabajo asimilar. Diría, sin temor a equivocarme, que es una tortura, una privación innecesaria. ¿Qué puede hacer el papel impreso contra el hierro de los barrotes, las cercas electrificadas y los guardias que desde las garitas vigilan durante el día y la noche?

Leer es un derecho inalienable. Nada puede condicionar algo que la civilización ha legado al ser humano.

A más de diez años de mi experiencia carcelaria, puedo decir que las lecturas no solamente aliviaron mi pesar.

De esos momentos bajo la influencia de decenas de  tramas y personajes, símiles y metáforas, llegó la inspiración para emprender diversos proyectos literarios.

Recuerdo que en ese período traje al mundo los primeros versos. Los escribía entre el frenético aleteo de las avispas que todas las mañanas entraban por las ranuras de la única ventana para hacer sus nidos en el techo.

Vivir en un país gobernado por una férrea dictadura y continuar escribiendo fuera de los espacios permitidos, aumenta las probabilidades de convertirme otra vez en huésped de una celda de aislamiento o a una riesgosa convivencia junto a reos comunes.

Al menos tengo el consuelo de que podré mitigar el sufrimiento con los libros.

 

Jorge Olivera Castillo (1961), La Habana, Cuba

Periodista, poeta, escritor y editor de televisión. Tiene publicados cinco libros de poesía y dos de cuentos.

Fue condenado en marzo de 2003 a 18 años de privación de libertad por desafiar la  censura impuesta por el partido comunista desde su llegada al poder el 1 de enero de 1959. El 6 de diciembre de 2004 fue liberado por problemas de salud.

El 12 de octubre de 2010 rechazó la propuesta del gobierno a que abandonara el país definitivamente.

About Cat Lucas

Cat Lucas is English PEN's Writers at Risk Programme Manager

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