The Miracle of Freedom by Ricardo González Alfonso

Statement by Ricardo González Alfonso, Cuban journalist, librarian and poet, sentenced to 20 years in prison in Cuba in 2003, released and exiled to Spain in July 2010.  Ricardo is an Honorary Member of Finnish PEN and German PEN.

Madrid, 20 March 2011.

THE MIRACLE OF FREEDOM

My dear colleagues who are attending the 9th Writers in Prison Conference organised in Brussels by PEN International, I wouldn’t dare contact you without mentioning two words: solidarity and gratitude. Only someone who has been confined to a tiny cell, 1.80 by 3 metres, where you eat, sleep and answer calls of nature, where you stay with no company other than the rodents, the insects, and the voices – only the voices of those fighting your cause – can understand what it means when, at her quarterly visits, my wife, in a purposeful clandestine whisper, would tell me that this or that non-governmental organisation was calling for our freedom; and always, always, one of these organisations was PEN.

It is undoubtedly a miracle to stop feeling alone in the solitude of a cell; to feel this solidarity which gets through the bars and illuminates the shadows, to restore a creator’s spiritual energy. At least that is what happened in my case. It compelled me to take prohibited action, and with no more resources than strips of paper and a pencil, I wrote 45 poems about the terrible, relentless underworld that is Cuban prisons.

Under the name Hombres Sin Rostro [Men with No Faces], this collection of poems, short and secret, escaped the prison in a cigarette box. That daring led me to be sent to a punishment cell, which I could only escape by means of a 16 day hunger strike, and an international campaign of support from various non-governmental organisations, and once again PEN was one of these supportive allies.

The prison continued with its harsh, subhuman treatment, and although my spirit remained undefeated – I wrote another book: (Con)Fines humanos [Limits of Humanity] – my body was not as strong, and because of that I had to undergo surgery on four occasions.

Almost at the end of my captivity, when the censorship began to ease, my wife brought me dozens of Christmas cards. She had kept them with the love they deserved. They had been sent to me from Australia, Europe, Asia and America. PEN brought into my cell snowflakes and children singing carols, birds of a thousand and one colours with their happy trills of hope. The world appeared in the underworld of the prison. Even the daily damp seemed to do less damage, and even the mould on the walls seemed beautiful to me. It was as if freedom, that miracle, was staying in my cell.

After seven years and four months in prison, I was exiled to Madrid, where I requested political asylum; and, in accordance with Spanish law, I had to surrender my Cuban passport. As I have not yet been granted this request, I am unable to travel to Brussels to meet with you, to thank you from the depths of my soul for your boundless solidarity, and with the warmest of embraces express to you the gratitude of all imprisoned writers around the world.

Continue – we must continue – with this wonderful task of renewing the hope of writers who are still being held captive, by shouting out to the world their ideas, their truths, their souls transformed into words.

Let’s work to ensure that tolerance is not an everyday dream, but the most precious gift of every man and every woman. Let’s work, lastly, to bequeath to the future the tangible miracle of freedom.

Many thanks

Ricardo González Alfonso

Declaración por Ricardo González Alfonso, periodista, bibliotecario y poeta cubano, condenado a 20 años de prisión en Cuba en 2003, liberado y desterrado a España en julio de 2010. Ricardo es Miembro Honorario de los Centros PEN finlandés y alemán.

Madrid, 20 de marzo del 2011.

EL MILAGRO DE LA LIBERTAD

Estimados colegas que asisten a la 9na Conferencia de Escritores en Prisión organizada en Bruselas por el PEN Internacional:

No me atrevería a dirigirme a ustedes sin mencionar dos palabras: solidaridad y gratitud. Sólo quien haya estado confinado en una pequeña celda, de 1.80 por 3 metros,  donde se come, se duerme y se realizan las necesidades fisiológicas, donde se permanece sin otra compañía que los roedores, los insectos; y las voces – solo las voces de los compañeros de causa – pueden comprender lo que significa que en aquellas visitas trimestrales, mi esposa, en un susurro con vocación clandestina, me informara de que tal o más cual organización no gubernamental clamaba por nuestra libertad; y siempre, siempre, una de esas organizaciones era el PEN.

Sin dudas es un milagro dejar de sentirse solo en la soledad de una celda. Percibir  esa solidaridad que atraviesa las rejas e ilumina las sombras,  para renovar las energías espirituales de un creador. Al menos, eso ocurrió en mi caso. Me compulsó a realizar una acción proscrita, y  sin más recursos que tiras de papel y un lápiz, escribí 45 poemas sobre el submundo atroz y sin treguas que son las cárceles cubanas.

Con el nombre de Hombres Sin Rostro, aquel poemario, breve y clandestino, se fugó de la prisión en una caja de cigarrillos. La osadía me costó ser enviado a un calabozo de castigo, del cual sólo pude salir tras una huelga de hambre de 16 días, y una campaña internacional apoyada por varias organizaciones no gubernamentales, y una vez más el PEN se hallaba entre los aliados solidarios.

La cárcel prosiguió con sus rigores infrahumanos, y aunque mi espíritu permanecía invicto – escribí otro libro: (Con)fines humanos – mi cuerpo resultó menos fuerte, por lo que fui intervenido quirúrgicamente en cuatro ocasiones.

Casi al final de mi cautiverio, cuando la cesura comenzó a ser más benigna, mi esposa me entregó decenas de postales navideñas. Ella las había guardado con el amor que merecían. Me las habían enviado de Australia, de Europa, de Asia y de América. El PEN llevó a mi celda copos de nieve y niños entonando villancicos, pájaros de mil y un colores con sus trinos alegres y de esperanza. El mundo se asomaba al submundo de la cárcel. Hasta la humedad cotidiana parecía dañar menos, y hasta me parecía hermoso el moho de las paredes. Era como si la libertad, ese milagro, se hospedara en mi celda.
Tras 7 años y cuatro meses de prisión fui desterrado a Madrid, donde solicité el asilo político; y, de acuerdo con las leyes españolas, debí entregar mi pasaporte cubano. Como esta solicitud no se me ha concedido aún, no he podido viajar a Bruselas para reunirme con ustedes, para expresarle desde lo más hondo de mi ser, gracias por su solidaridad sin fronteras, y con mi abrazo más cálido transmitirle la gratitud de todos los escritores presos del mundo.

Continúen – continuemos – con esa hermosa tarea de renovar las esperanzas de los literatos que aún permanecen cautivos, por  gritarle al mundo sus ideas, sus verdades, sus almas transformadas en palabras.

Trabajemos para que la tolerancia no sea un sueño cotidiano, sino el don más preciado de cada hombre y de cada mujer. Trabajemos, en fin, para legar al futuro el milagro tangible de la libertad.

Muchas gracias.

Ricardo González Alfonso

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